Escuela de música

Durante muchos años el cuidado de la naturaleza se concibió sin considerar a los seres humanos que habitan en ella, particularmente a los que habitan en un entorno ambientalmente deteriorado; el postulado era: gastar en la atención de especies amenazadas, en la flora, la fauna, los cuerpos de agua y sus vertientes, sanará al medio ambiente. Por fortuna la visión cambió apurada por los resultados poco venturosos de las políticas medioambientales en boga; hoy debemos atender a las personas, comenzando por entender sus modos, su cultura, sus necesidades.

De ahí que colaborar con una comunidad que desea que sus hijos tengan una educación musical esté íntimamente ligado con la muda que buscamos en la actitud de la gente, hacia su hábitat, hacia ellos mismos y la sociedad en la que están inmersos. Darle vida a una escuela de música, que ya funciona de manera incipiente, en la playa más importante del mundo para la tortuga golfina (Lepidochelys olivacea), en donde ésta se juega un porcentaje alto de su supervivencia, representa un acto de solidaridad y nos da la posibilidad de ampliar el diálogo ecológico y social.